Hechos 15:36-41 Algún tiempo después, Pablo le dijo a Bernabé:
«Volvamos a visitar a los creyentes en todas las ciudades en donde hemos
anunciado la palabra del Señor, y veamos cómo están.»
Resulta que Bernabé quería llevar con ellos a Juan Marcos, pero a
Pablo no le pareció prudente llevarlo, porque los había abandonado en Panfilia
y no había seguido con ellos en el trabajo.
Se produjo entre ellos un conflicto tan serio que acabaron
por separarse. Bernabé se llevó a Marcos y se embarcó rumbo a
Chipre, mientras que Pablo escogió a Silas. Después de que los hermanos lo
encomendaron a la gracia del Señor, Pablo partió y viajó por Siria y
Cilicia, consolidando a las iglesias.
En todas las parejas y en todas las familias hay discusiones. Que veas una familia donde no hay discusiones es muy raro, porque discutir es algo natural. Todos en algún momento peleamos. Pasa en las mejores parejas, en las mejores familias, pero el gran problema es cómo peleamos. Porque no sabemos cómo pelear. No está mal discutir, el problema es que no sabemos cómo discutir y terminamos lastimando al otro y lastimándonos a nosotros.
Tenemos dos modelos que hemos visto en nuestra infancia de discusión.
El primer modelo es cuando alguien discutía en casa, no se hablaba del asunto pero todo el mundo estaba con cara de perro. Te sentabas a la mesa y todo el mundo en silencio. Nadie pronunciaba una palabra, no se hablaba de lo que había pasado, pero todos andaban en casa con cara de enojado.
El segundo modelo es el de atacar, donde todos se pelean con todos, todos gritan y la familia es una guerra.
Tenemos lamentablemente el concepto de que discutir es algo negativo, algo malo, que a veces es preferible tapar, es preferible no seguir hablando del asunto. Imagínate si tu marido viene del modelo que gritaban y atacaban y vos venís del modelo donde cerraban la boca, no preguntaban y no decías nada. Cuando se juntan ustedes dos el desastre que es eso, porque estás acostumbrada a tener cara de perro y a no hablar y él está acostumbrado a hablarse todo y a gritar todo el tiempo. O al revés, estás acostumbrada a sacar los problemas, a decirle, vamos a discutir ahora, no me voy hasta que no hablemos de este tema y es patear y golpear puertas.
Y él hace silencio, por
cuatro días no te habla y tenes una bronca porque querés tratar el tema y él no
habla nada pero tiene cara de perro.
Esto es lo que pasa en las relaciones de pareja y también en las familias, porque les enseñamos a nuestros hijos cómo discutir, nos ven a nosotros discutir y les enseñamos cómo afrontar una discusión.
Esto es lo que pasa en las relaciones de pareja y también en las familias, porque les enseñamos a nuestros hijos cómo discutir, nos ven a nosotros discutir y les enseñamos cómo afrontar una discusión.
El problema no es discutir por temas porque pensamos diferentes, el problema en casa no es que pensamos diferente, porque desde que nos conocimos pensamos diferentes. El gran conflicto no es eso, porque uno puede pensar diferente y enriquecerse con lo que el otro piensa o puede decir, bueno, te respeto lo que pensas El problema no es discutir por temas en los que pensamos diferente sino en la manera en que los discutimos.
Te voy a dar un ejemplo: la famosa pelea en casa. ¿Por qué dejaste la pasta de dientes abierta? ¿Por qué no le pusiste la tapadera? Y cuando el dentífrico se empieza a endurecer y el que agarra el cepillo de dientes no sabe cómo sacar eso primero para que salga la pasta, es la gran discusión.
Comienzan a aparecer sentimientos. Por ejemplo, ella se enoja porque él dejó la tapa del dentífrico abierta en el baño. Se empieza a enojar y si no entendemos que el otro tiene un mundo interior distinto al mío, no voy a poder enfrentar o afrontar esta discusión.
¿Qué le pasa a ella? Le dijo tantas veces que tapara la pasta de dientes y como él no le hace caso, como sigue haciendo lo que le parece, ella siente que no la escucha, que no la tiene en cuenta, que no le parece importante lo que ella habla. Se siente ignorada por él.
El problema básico no es el dentífrico abierto sino lo que ella siente, la explicación que le da a ese hecho que él hace. Por ejemplo, no te invitaron a una fiesta y decís, a mí nadie me dijo del partido del fútbol y no fui. ¿Por qué no me dijeron? La bronca que tenés no es que no te hayan invitado sino la explicación que le das de porqué a eso. Decís, claro ella no quería que yo fuera porque iba el otro y como le gusta, no quería que me presentara. Lo que te da bronca, lo que te pasa por dentro, lo que te hace enojar, no es el hecho en sí, sino la explicación que le das a ese hecho.
Siempre tenes que pensar cuando alguien se enoja por algo ¿por qué en realidad se está enojando? ¿Qué es lo que está pensando? ¿De qué manera lo está pensando? Ella dice, si él no tapa la pasta de dientes es porque no me escucha y si me escuchó no le interesa y sigue haciendo lo que le parece.
Él siente que lo que ella le está diciendo no es tan importante.
¿Cuál es el problema si dejo la pasta de dientes abierta? ¿Es muy grave? Para
él eso no es un problema, se lava los dientes y deja la pasta abierta porque
para él eso no es importante.
¿Cómo sigue esta discusión? Comienzan a sumarse problemas, ya no es solo la pasta de dientes sino dice, siempre me haces lo mismo, me dejas la ropa tirada. Así que dejas la pasta de dientes abierta, dejas la ropa tirada, o sea, sos un irresponsable y un descuidado. Ya pasamos de la pasta de dientes a que en realidad él es un irresponsable y un descuidado que encima la ignora a ella porque no le parece que lo que dice sea importante. Y especialmente las mujeres empiezan a reunir pruebas para que el argumento sea todavía más fuerte.
En tercer lugar, aparece una competencia de quejas, yo trato de decirle al otro algo y el otro me tiene que tapar la boca con algo que me diga: sí, yo dejaré la ropa en el piso pero agarré un jabón el otro día y tenía un pelo tuyo. ¿Y cómo sabes que era mío? Porque era rubio. Ahora, la otra le tiene que contestar algo más grande que el pelo en el jabón. Le contesta, sí, yo dejaré los pelos en el jabón porque soy limpia y me lavo la cabeza, en cambio vos querido con esa grasa que tenés en la cabeza... Hay una competencia de quejas.
Y luego viene, si no te alcanzó el argumento, la formación de alianzas. Te tenés que aliar con alguien para estar en contra de él. Decís, tu hijo también se queja de cómo dejas el dentífrico. ¿Eso es lo que le estás enseñando al nene? Ya aparece el hijo, el ataque es en banda. Dice, porque tu papá me dijo que eras un sucio y tu mamá me lo advirtió cuando nos casamos, pero no le quise dar importancia. Porque parece que si somos muchos el argumento vale más y el otro tiene que cerrar la boca.
Y si no nos alcanza con gente, con la suegra, con el suegro, con el hijo, ¿qué hacemos? Recurrimos a los libros. Decimos, leí en un libro que escuché hablar el otro día, le pones más gente al argumento, reunís más gente esté presente o no, o tal profesional.
Decís, a mí me dijo mi
psicólogo que te tengo que tener cortito y ponerte límites. Tratas de reunir
todo eso para formar una alianza y entonces sentir que tenes la razón. Y ahí es
donde se rompe la comunicación y se hace muy difícil restablecerla porque se
fueron los dos enojados.
Al otro día él le dice, la señora limpia ¿me podrá traer una taza de café? Es algo sarcástico. La otra reacción es, qué me decís que soy limpia, ¿acaso cuando nos casamos te prometí...? Y empieza una historia de nunca acabar. Y el gran problema es no ponerle límites a las discusiones. Si no sabemos ponerle un límite, esta es una historia de nunca acabar. Y así son las peleas familiares, tal vez hace veinticinco años te peleaste y siguen peleados por eso que ya ni se acuerdan qué era, pero la pelea sigue estando porque nunca hubo un límite.
¿Qué hacer? ¿Cómo podemos poner pautas? Porque si a esta mujer le preocupa tanto la pasta de dientes y el problema es ese, sabe que puede ir a comprar otra más sencilla cuya tapa no se sale, a lo sumo no la cerrarás, pero es más fácil que la otra. Hay manera de resolver un conflicto si no querés pelear, si no querés discutir, podes no hacerlo, tenes que buscar otras estrategias.
Algunas pautas
Primero: tengo que ver que no siempre el conflicto es negativo.
Si empiezo a entender que a veces el conflicto puede ser algo positivo, si no le tengo miedo al conflicto, a la discusión. No estoy hablando de pelea, de violencia, estoy hablando de discutir ideas. Si no le tengo miedo, lo veo como algo positivo, entiendo que el conflicto en una familia, en una pareja es normal.
Porque hay personas que creen que van a formar una pareja y no
se van a pelear nunca y a la primera pelea ya no saben más qué hacer, porque
pensaron que una pareja que se llevaba bien no discutía nunca.
Si te das cuenta que discutir en un conflicto es normal y que ese conflicto si querés puede terminar bien, no le vas a tener tanto miedo y vas a enfrentar la discusión bajando el nivel de ansiedad. Porque de esta situación puedo aprender algo, el otro puede aprender algo, podemos salir ganando algo. Tal vez discutamos una sola vez y ya arreglamos el tema y no tenemos que discutir nunca más.
O sea, el conflicto puede llegar a ser positivo si sé que puede terminar bien. Lo que pasa es que siempre pensamos que va a terminar mal. Ponerte en la mente esto tiene que terminar bien, esto que estoy discutiendo, esto que estoy enfrentando me tiene que dar un resultado positivo. Entonces vas con más tranquilidad al conflicto.
Otro de los puntos importantes es que aceptes la responsabilidad.
¿Qué significa? Que las peleas ocurren porque hay dos que alimentan la pelea. Si no quiero pelear, no hay pelea. Hay dos que alimentan la pelea. ¿Qué podría hacer diferente cuando discutimos? No que podría hacer el otro sino qué podría hacer diferente yo cuando discuto con mis hijos o cuando discuto con mi pareja.
Ésta es una pregunta muy importante porque tenes que encontrar nuevas maneras de resolver situaciones, porque si no siempre te vas a pelear por lo mismo y vas a discutir por las mismas situaciones. ¿Podría yo actuar en esta pelea que no quiero y que no quiero que vuelva a ocurrir de una manera diferente?
En segundo lugar preguntarte ¿qué clase de persona querés ser y qué tipo de relación querés tener?
¿Quiero ser, por ejemplo, una vieja gritona? ¿Quiero ser una vieja que se pelea todo el tiempo? ¿Quiero ser una mujer de la que todo el mundo se aleja porque está loca, siempre sale gritando, siempre se queja, les pega a los hijos? ¿Quiero ser esa clase de mujer? ¿Quiero ser esa clase de hombre que golpeo la mesa, me voy y todo el mundo en casa se queda con miedo porque papá golpeó la mesa y se fue y nadie puede hablar del tema? ¿Quiero ser esa clase de persona?
¿Quiero tener ese tipo de relación con mis hijos y con mi pareja? ¿Quiero tener este clima familiar? ¿Me gusta este clima familiar donde acá habla una persona y el resto no puede hablar, donde siempre discutimos por lo mismo y tengo que cerrar la boca y meterme en un rinconcito a llorar porque las cosas no se arreglaron? ¿Quiero eso, quiero ser ese tipo de mujer, quiero tener ese tipo de familia? Replanteármelo tengo que hacer algo diferente. Sé que me vas a decir, bueno, ya lo intenté, ya hice. Seguí haciéndolo, te tiene que dar resultado porque la pelea se da de a dos.
Otro de los puntos es tratar de entender el mundo interno de la otra persona. Todos tenemos reglas internas que tal vez el otro no las entienda. Son nuestras reglas porque son las que aprendimos en nuestra infancia, las que tenemos incorporadas por las experiencias que hemos vivido en la infancia. Son reglas de oro que para nosotros son importantes. Si para mí es importante que la pasta de dientes esté cerrada, es una regla que yo tengo, vaya a saber por qué me vino pero está ahí. Tengo que entender que el otro tiene un mundo y en su mundo hay reglas que no son las mías, pero que son las de él.
Entender no quiere decir justificar. Entender significa "te entiendo", nada más. Entender no significa que el otro tiene razón con lo que piensa sino te entiendo. Entonces, le vas a validar el sentimiento. Entiendo que te sientas así, entiendo que pienses esto, entiendo que te gusta la casa ordenada de esta manera, entiendo que no te gusta que la ropa esté tirada en el piso. A mí no me molesta pero entiendo que a vos te moleste, porque son tus reglas.
Y tenemos que saber respetar las reglas del otro que para el otro son importantes. Si a ella le gusta poner la taza así con la manija afuera, no le digas, eso es una tontería, no, porque son las reglas y los parámetros del otro. Para el otro no es una tontería y lo peor que podrías hacer es no validar lo que el otro piensa o siente.
Otro de los puntos es comunicar sentimientos y no juicios.
Por ejemplo, si digo, la fiesta que fui ayer era mala, me pareció una fiesta mala y si digo, me aburrí muchísimo en la fiesta de ayer o la fiesta de ayer era aburrida, es muy distinto. Cuando digo, la fiesta de ayer era aburrida, eso es un juicio, generalizo, la fiesta fue mala, organizaste un desastre, nos aburrimos todos. Pero si digo, otros la pasaron bien, a mí no me gustó la fiesta, ahí estoy hablando de un sentimiento, no estoy dando un juicio.
Te puede no gustar que tu marido tire la ropa en el piso, pero decirle,
a mí no me gusta. Tu mamá tal vez no tenía problemas, iba detrás, la levantaba
pero a mí no me gusta. Es algo que tiene que ver conmigo, no es algo general
porque si no otro te va a decir, pero la otra a mí me aceptaba, mi ex me lo
dejaba hacer. Pero la otra es la otra, por eso es tan importante que cuando expresas
algo, expreses un sentimiento y no un juicio, porque para vos es una cosa pero
para el otro es otra cosa.
O podes decir, esa novia que tenes es un desastre y nuestro hijo va a salir más con esa chica que no te gusta, en vez de decir, algo me pasa a mí con esa chica, es evidente que a vos no porque te enamoraste de ella. A mí me pasa algo, pero no sé. No le digas es un desastre porque no sabes si es un desastre. A mí hay ciertas cosas que no me cierran, pero a mí, es mi opinión, es mi forma de ver, es un sentimiento, no es un juicio.
Eso baja el nivel de las
peleas.
Y principalmente cuando una discusión el objetivo principal es proteger la relación. Estamos hablando de conflictos en familia donde supuesta mente hay amor. No te estoy hablando de una relación de novios o una relación de amistad de hace años o socios de trabajo. Te estoy hablando de una familia donde supuesta mente hay un vínculo afectivo de amor. Lo más importante es preservar la relación a largo plazo porque vamos a seguir juntos, porque tal vez nos vamos a seguir peleando por otros problemas, tenemos que preservar la relación antes que tener la razón.
Y principalmente cuando una discusión el objetivo principal es proteger la relación. Estamos hablando de conflictos en familia donde supuesta mente hay amor. No te estoy hablando de una relación de novios o una relación de amistad de hace años o socios de trabajo. Te estoy hablando de una familia donde supuesta mente hay un vínculo afectivo de amor. Lo más importante es preservar la relación a largo plazo porque vamos a seguir juntos, porque tal vez nos vamos a seguir peleando por otros problemas, tenemos que preservar la relación antes que tener la razón.
Porque hay mucha gente que refiere tener la razón y destruir una familia a decir, protejo el vínculo aunque no importa si tengo razón o no. Me tengo que preguntar antes del momento de la discusión. Esto es algo que tenes que pensar antes, preguntarte, ¿querés herir a esa persona que está al lado tuyo? En esa discusión, ¿la querés herir, la querés lastimar o querés que te ame y amarlo? ¿Cuál es tu objetivo? Yo discuto por la pasta de dientes, ¿qué quiero las timarlo al otro? ¿Quiero herirlo? ¿Quiero humillarlo? ¿Quiero que se sienta mal? ¿Quiero que se siente un inútil? ¿Quiero que se sienta un irresponsable? ¿Qué quiero lograr?
O quiero preservar este vínculo de pareja, quiero preservar el amor que nos tenemos, porque entonces la discusión va a cambiar muchísimo.
Nunca tenemos que perder
de vista este sentimiento de cuidado del otro. Tengo que cuidar esta relación
porque un día me enamoré de esta persona, porque un día tuve estos hijos.
El vínculo es más importante que ganar una pelea. No quiero destruir al otro.
No es que quiero salirme con la mía sino que quiero seguir conservando la
relación.
Un escritor muy famoso dice que "en las peleas y discusiones está yo, tú y nosotros y en la pelea, si no la sabemos manejar, lo que se destruye es el nosotros justamente". Entonces, lo que tenemos que preservar es ese vínculo de amor.
Si decís, no hay más amor
en casa, yo no lo quiero, estamos hablando de otra situación. Ahí ya no hay
arreglo porque querés destruir la pareja. Pero si hay una relación de amor y de
afecto, el vínculo es lo más importante.
¿Qué tenes que hacer? Centrarte en el problema. ¿El problema es la pasta de dientes? Vamos a hablar de la pasta de dientes. No vamos a hablar de mi suegra, de tu papá, ni de los dientes de tus hijos. Vamos a hablar de la pasta de dientes que la dejas abierta todos los días en el baño. Me centro en el problema. Vamos a centrarnos en que le diste la orden que viniera a las dos y no la cumplió y vino a las cinco. No que es un irresponsable, no que tiene amigos y se droga.
Centrarnos en el problema. No meter a otros en la escena. No decir, nunca me haces caso, siempre sos un desastre, porque entonces totalizamos la situación. Vamos a los extremos, el otro se siente un tonto.
No uses ni nunca ni
siempre y acordarte de expresar sentimientos y no juicios. No etiquete, sos un
machista, sos un vago, sos un irresponsable, sos un infiel. No etiquetes,
porque a nadie le gusta que le pongan etiquetas.
Y si en una discusión le pusiste una etiqueta, siempre el mismo vago, te va mal en la escuela, le pusiste la etiqueta. Sacar esa etiqueta tomará mucho tiempo. No etiquete en una discusión y no use golpes bajos. Usar golpes bajo es, te traigo una herida u error del pasado y no resuelvo ni el error del pasado ni el problema que tengo hoy.
Siempre hay que plantear el problema y no la solución. Cuando hay un problema en casa donde no nos ponemos de acuerdo, habla con esa persona, pero no le des la solución. Porque a veces la solución parece una orden. Tenemos este problema, a partir de ahora vamos a hacer así, no. Plantea el problema y decí, a ver entre todos qué solución encontramos para este problema.
Es muy distinto si tenes un hijo que siempre llega tarde. Decí, el problema es éste. El gran problema que tenemos los papás cuando nuestro hijo no llega y no nos llama y no sabemos nada, es que pasamos por un montón de emociones, porque no sabemos si está siendo desobediente, no sabemos si tuvo un accidente, no sabemos si le robaron, no sabemos si está tirado en la calle. Vamos pasando de pobrecito que le habrá pasado, habrá tenido un problema, no me hizo caso, siempre es un desobediente y hasta que no sabemos la realidad vamos pasando por tantas emociones que nuestros hijos no saben eso.
Tenemos que plantear la situación. Éste es el problema. Yo te pido a las dos. Cuando venís a las cinco, no me avisas, no sé nada. Pero esto, a ver cómo podemos juntos encontrarle una solución a este conflicto. Tenemos que encontrar la manera en que el otro se involucre en la respuesta, en la situación y cuando uno se involucra en algo, se siente más comprometido a hacer lo que prometió.
En cambio, si la orden
viene de afuera, uno siente que está obedeciendo algo que no quiere obedecer y
va a ser mucho más difícil que pueda obedecerla.
Pasa esto en casa, dejas la pasta de dientes así, juntos cómo podemos resolver este problema. Entonces él va a decir, bueno, trata de lavarte vos primero los dientes, así después si yo me los lavo, no te diste cuenta que la dejé abierta. O vayamos y compremos cinco pastas para tener. O va a estar tapada todo el tiempo o me comprometo todos los días de asegurarme de cerrar la tapadera y ella dice, yo me comprometo que si una vez está abierta, no te voy a decir nada.
Pasa esto en casa, dejas la pasta de dientes así, juntos cómo podemos resolver este problema. Entonces él va a decir, bueno, trata de lavarte vos primero los dientes, así después si yo me los lavo, no te diste cuenta que la dejé abierta. O vayamos y compremos cinco pastas para tener. O va a estar tapada todo el tiempo o me comprometo todos los días de asegurarme de cerrar la tapadera y ella dice, yo me comprometo que si una vez está abierta, no te voy a decir nada.
Buscar juntos una solución para un problema que es de los dos, porque nos está afectando a los dos o a toda la familia. Y no hacer bandos, mi hija y mi hijo están de acuerdo conmigo, pero el otro más chico está de acuerdo con el padre, porque metemos gente y el problema se agranda.
Date la oportunidad de actuar diferente, pensando qué clase de familia querés tener, qué clase de mujer querés tener, qué clase de hombre querés ser. Date una oportunidad, que en medio de los conflictos puedas actuar de una manera diferente y también dar la oportunidad a los otros de restaurar la relación.
En la historia de la Biblia, a Pablo y Bernabé les impusieron las manos y los mandaron a predicar. Y estaban juntos y Bernabé se llevó al sobrino, Juan Marcos, que en uno de los viajes dijo, no quiero viajar más con ustedes. No se sabe porque la Biblia no explica exactamente cuál fue el conflicto que había ahí, por qué no quería viajar más.
Tal vez extrañaba a la mamá o tenía una novia y quería volver
con ella o no se aguantaba a Pablo porque era muy autoritario, muy exigente.
Tal vez no quería ser el ayudante el que llevaba las valijas y quería ser algo
diferente y Pablo no lo deja. No se sabe, pero en medio de los viajes Juan
Marcos le dice a Pablo y a Bernabé, me vuelvo a mi casa, no quiero más estar
con ustedes.
Pablo se enoja mucho, porque no podía entender cómo este chico dejaba una responsabilidad tan grande, pero Bernabé le dice, no importa. Se pelea con Pablo muy fuerte y Bernabé le dice a Juan Marcos, me voy para otro lado. Pablo se va por otro lado. Juan Marcos, ven conmigo y se lo lleva y le da una segunda oportunidad.
Y no hay nada más importante en la vida que tener una segunda oportunidad y darle una segunda oportunidad a la gente. Y en tu casa tenés que ser de esas personas que saben dar otra oportunidad, porque son tus hijos, porque es tu pareja, las personas que amas, las personas que te acompañan todos los días y ese vínculo de amor es muy importante, más allá del conflicto que estamos teniendo en el momento.
Bernabé le dijo: vente conmigo. Y en ese tiempo Juan Marcos maduró, creció, pudo ver como Pedro hacía milagros, pudo ver qué pasaba en el concilio de Jerusalén donde habían ido, cómo se manejaban los religiosos, cómo se le predicaba a los gentiles, maduró.
Y en tu casa hay gente que tiene que madurar todavía. Todavía tus hijos tienen que madurar. Tal vez tu marido en un área tiene que madurar. Tal vez tu mujer en un área tiene que madurar. Hay un tiempo en que ya no vas a tener esos problemas, porque solos se van a ir resolviendo, sin discusión. Hoy te peleas por la pasta de dientes. Dentro de unos años tu marido va a tener dientes postizos, los va a tener que meter en el vaso. No los va a tener que lavar.
Hay problemas que se resuelven solos con el tiempo, con la madurez. Te estás peleando por algo que sólo necesita un poquito de madurez y va a estar resuelto. Dentro de unos años tus hijos no te van a dejar más la ropa tirada porque se habrán ido de tu casa, se habrán casado, habrán ido a otro país a estudiar y ya no vas a tener que lavar ni recoger más la ropa de ellos. Hay problemas que se resuelvan con el tiempo, porque los demás maduran y uno también.
Tenes que darte tiempo. Hay cosas que hoy te enojan que mañana no les vas a dar importancia. Sino acordarte de las cosas que te enojaban antes y que ahora no les das importancia, porque tus hijos te rompían algo. Ahora lo rompen los nietos y decís, no importa. ¿Cuál es el problema? Estoy disfrutando a los nietos. A tu hijo lo matabas si llegaba a tocar eso y ahora te lo tocan los nietos y no hay problema, porque es el tiempo de la madurez. Tenemos que madurar y hay problemas que se van a resolver solos. Eso es lo que pasó con Juan Marcos, una segunda oportunidad.
Fíjense la madurez y el cambio que tuvo Juan Marcos en ese tiempo, que en Segunda Timoteo 4:11 dice Pablo: "solo Lucas está conmigo. Toma a Marcos y tráele contigo, porque me es útil para el ministerio". Toma a Marcos, al que le dijo, no lo quiero ver más y le dice, porque ahora sí maduró, me es útil para el ministerio. Lo que hoy parece que no funciona, mañana va a funcionar porque ha tenido tiempo de madurez.
Te hablo a vos que te descartaron de algún lugar, que te dijeron que no servías. Estabas en una etapa de tu vida, no te preocupes, vas a madurar y vas a tener la segunda oportunidad.
Date tiempo, date otra oportunidad para actuar de una manera
distinta, date tiempo para aprender cosas, date tiempo para valorar lo que es
importante en la vida y dejar de lado las pequeñas cosas que no tienen sentido.
Lo más importante en nuestra casa es el vínculo de amor, eso tiene que crecer cada vez más. Que hay discusiones, claro, pero van a terminar bien. Las discusiones no tienen por qué terminar mal. Hay parejas que tienen miedo a discutir y guardan, tragan, no hablan lo que les pasa. Busca el momento justo y habla lo que te está pasando y la próxima vez que alguien cometa un error, dale una segunda oportunidad.
Hay otras cosas en la vida que hay que cuidarlas y conservarlas, porque no hay una segunda oportunidad. Dice Proverbios 15:17 "mejor es la comida de legumbres donde hay amor, que de buey engordado donde hay odio".
Legumbres era una comida barata. Y a veces tenemos problemas baratos de legumbres en casa, tonterías, locuras y nos amargamos y nos agarramos los pelos.
Pero si está el vínculo
del amor, está bueno comer legumbres, pero conserva el vínculo del amor. Pero
hay otras casas donde todo se oculta, donde se hace silencio ante todo, donde
está la fachada perfecta. Hay buey engordado, pero no hay vínculo. El vínculo
está destruido. Siguen juntos por seguir.
Y tenes que elegir, está bien, son problemas. Mis hijos me traen problemas, mi pareja, siempre me estoy quejando por algo, yo tengo otros problemas en casa. Pero hay amor, podemos hablar, podemos conversar y nos damos tiempo para madurar, para darnos una segunda oportunidad.
Date una segunda
oportunidad, dales a los tuyos una segunda oportunidad.
Eso es lo que hizo Dios cuando envió a Jesús. Lo envió para reconciliarse con nosotros porque si fuera por los errores, nuestro Dios podría decir, no quiero saber nada más con vos, pero Dios priorizó el vínculo con nosotros. Y dijo, mando a Jesucristo porque quiero estar con vos, porque el vínculo con vos es lo más importante que tengo.
Eso es lo que hizo Dios cuando envió a Jesús. Lo envió para reconciliarse con nosotros porque si fuera por los errores, nuestro Dios podría decir, no quiero saber nada más con vos, pero Dios priorizó el vínculo con nosotros. Y dijo, mando a Jesucristo porque quiero estar con vos, porque el vínculo con vos es lo más importante que tengo.
Para Dios relacionarse con nosotros es más importante que todos los errores que podamos cometer. Cuando cometiste un error pero te encerrás en tu cuarto y le decís, Señor, acá estoy para que me perdones, para que me des una segunda oportunidad. Quiero estar en tus brazos, quiero que me ames, quiero que me ministres y quiero que me enseñes, al Señor eso le encanta.
Dice, para eso mandé al Señor Jesucristo, para reconciliarse
conmigo, porque a mí me encanta estar junto a vos.
Él te va a dar una segunda oportunidad en todas las áreas de tu vida. Él quiere que el vínculo perfecto del amor no se quiebre.
En casa se tienen que poder hablar las cosas y si no pasa, cambiemos el clima. Lo más importante es mantener ese vínculo, que vamos a tener por muchos años más y que lo elegimos.
Vamos por más, vamos a hablar solo del tema. No le tengas miedo al conflicto, va a terminar bien, va a depender de la sabiduría que tengas, esto lo tenemos que resolver de alguna manera.
Este es un tema para compartir de Org. Hacia la Cima 777

