viernes, 28 de febrero de 2014

NO TENGO GANAS DE HACER NADA

No tengo ganas de hacer nada




1 Reyes 19:9-10: "Allí pasó la noche en una cueva.
El Señor se le aparece a Elías 
Más tarde, la palabra del Señor vino a él.
¿Qué haces aquí, Elías? le preguntó.
Me consume mi amor por tí, Señor Dios Todopoderoso, respondió él. Los israelitas han rechazado tu pacto, han derribado tus altares, y a tus profetas los han matado a filo de espada. Yo soy el único que ha quedado con vida, ¡y ahora quieren matarme a mí también!".

¿Te pasó alguna vez que no tuviste ganas de hacer nada?
Existe una diferencia entre el cansancio físico y el cansancio que viene cuando estás estresado.

 El primer tipo de agotamiento es normal, ya que lo sentís prácticamente todos los días, y basta con que descanses para que te recuperes y puedas volver a hacer otro esfuerzo. En cambio, cuando estás estresado, lo que tenés que hacer es un cambio de hábito, porque por más que descanses no recuperas las fuerzas. La típica persona que experimenta este tipo de cansancio es aquella que dice: "Me fui de vacaciones, pero sigo más cansado que antes.

 No hice nada, traté de no encontrarme con nadie y, sin embargo, estoy agotado". Frente a esa situación tenés que empezar a hacer un cambio de hábito en tu vida para que el estrés no termine afectando también tu salud física.

Hoy te voy a hablar de otro tipo de cansancio que es frecuente, pero que a veces no se lo logra identificar:
 el cansancio por frustración.

Por el lapso de tres años, el profeta Elías desarrolló un importante número de actividades. Primero profetizó sequía: "Hasta que no dé la orden, no lloverá en este lugar". Después, Dios le ordenó: "Escondete en una cueva, no por temor, sino porque no quiero que el rey te convenza de que digas una palabra y empiece a llover. Quiero que sientan lo que es una sequía", y le mandó cuervos para que lo alimentaran. Luego, el Señor le pidió que fuera a la casa de una viuda que aunque no tenía nada, le iba a dar de comer. Tiempo más tarde, Elías fue al monte Carmelo. Allí Dios le dijo: "Ahora sí irás de nuevo a ver al rey y le dirás que por tu palabra va a volver a llover tras tres años de sequía". En ese monte desafió a ochocientos profetas diciéndoles: "Quien sea el verdadero Dios, ¡que mande fuego!", y al orarle al Señor envió un fuego que quemó el altar y la ofrenda.

 Los demás brujos, en cambio, pese a que le pidieron a sus dioses de todas las maneras posibles, no lograron nada. ¡Imaginate el estrés que debe de haber sentido Elías ante semejantes desafíos! Además, después tuvo también que degollar a los ochocientos profetas. Como si eso fuera poco, se puso a orar y aseguró: "¡Va a llover!", y al instante se largó a correr kilómetros y kilómetros para llegar antes que el carro del rey y que la lluvia. Cuando Jezabel, esposa del rey y quien traía toda la idolatría al país, vio a Elías, lo amenazó de muerte: "¡Lo mismo que hiciste con los profetas lo haré yo con vos! ¡Te voy a degollar!". Tras el temor que le infundió esta mujer, Elías se fue al desierto. Allí un ángel lo alimentó durante los cuarenta días y las cuarenta noches que tardó en llegar a la cueva del monte de Horeb. En ese lugar Dios siempre se le aparecía al pueblo de Israel para hablarle y darle revelación.

Finalmente Dios restauró allí a Elías y puso fin a tres años de vida sumamente agitada. 
Elías estaba cansado físicamente, pero también tenía estrés. Él padecía un trastorno que afecta a mucha gente: el
 "síndrome único". Quien padece este síndrome cree que es único en el mundo y que si las cosas no las hace él, todo va a salir mal. ¿Conocés a alguien así? Si esto te ocurre a vos, tal vez digas: "Si yo no lo hago, ¿quién lo hace?"; "Si yo no me preocupo, ¿quién lo hará?"; "¿Cómo se van a arreglar si yo no traigo dinero?".

Cuando Elías se escondió en la cueva del monte Horeb el Señor le hizo una pregunta que demuestra la frustración que tenía: "¿Qué haces aquí Elías?". Él le contestó: "Me consume mi amor por ti. Los israelitas rechazaron tu pacto, derribaron tus altares y mataron a tus profetas a filo de espada. Soy yo el único que ha quedado con vida y ahora quieren matarme". Elías le estaba reclamando a Dios que después de tanto esfuerzo y tantas situaciones agobiantes, no había visto ningún resultado. El cansancio por frustración viene cuando hacés muchísimas cosas, pero no lográs resultados.

Por ejemplo, imaginate que invertiste tiempo en una persona, la escuchaste, la aconsejaste, estuviste cuando más te necesitaba, y de repente, un día te traiciona y se aleja. Esa misma frustración la tendrías si tras haber seguido una dieta estrictísima durante un mes, cuando te pesás te das cuenta de que bajaste solo doscientos gramos. Otro ejemplo sería que hayas pagado el arreglo de tu lelevision y que al otro día se vuelva a descomponer. Estudiar mucho y reprobar el examen, o que no te llamen de ese trabajo para el que tanto te capacitaste pueden ser otras situaciones que generan gran frustración. ¿Te pasó algo parecido alguna vez? Si ese es el caso, el Señor quiere traerte hoy una palabra para que reacciones y vuelvas al camino. Él quiere bendecirte y que sigas obedeciéndole mientras caminás hacia el éxito.

¿Cómo te hará reaccionar Dios?
1. Te va a preguntar: "¿Qué hacés aquí?". 

Esa primera pregunta es la misma que le hizo a Elías. Si bien el Señor había dirigido sus pasos, nunca le dijo que se fuera al monte de Horeb. Tal vez hoy no estés en el lugar correcto, quizás estés escondido en tu dolor, en tu angustia, en tu sensación de fracaso o en tu depresión, y Dios viene a preguntarte: "¿Qué hacés aquí?". Mencionará tu nombre porque Él te conoce y buscará hacerte reaccionar para que salgas de ese lugar incorrecto.

2. El Señor te va a enseñar a vivir por propósito.

Dios le enseñó a Elías a vivir por propósito. Elías era muy bueno haciendo tareas pero, si bien cumplía las órdenes de Dios, no entendía el propósito del Señor. Tal vez seas una de esas personas que tienen anotadas en una lista todas las tareas que deben realizar durante el día: pagar las facturas y finalmente, ir al trabajo. El problema aparece cuando las tareas que hacés no tienen propósito. La persona que hace una tarea sin propósito necesita ver el resultado de inmediato; en cambio, aquella que sabe que hay un propósito, sigue adelante aunque esa tarea no haya dado resultado. Elías se frustró porque aunque obedecía las tareas que Dios le ordenaba, nunca tuvo una visión de lo que iba a pasar más adelante. Él no sabía que lo que había hecho iba a dar fruto, porque todo lo que uno hace en la vida da resultado.


La Biblia narra la historia de una mujer que perdió una moneda y se puso a barrer toda la casa hasta encontrarla. Esta mujer no se sintió frustrada porque la tarea que estaba realizando tenía un propósito: encontrar la moneda. Si ella se hubiese puesto a barrer durante horas sin ningún propósito, el trabajo se le hubiera vuelto aburrido y monótono.

Dios le dijo a Elías: "Quiero que aprendas a ver el propósito de todo lo que hacés. Si te dije que no te movieras de ese lugar, es porque hay propósito, pero como sos un varón de adrenalina no podés quedarte quieto". Tenés que aprender a ver propósito en todo lo que hagas en tu vida. Recordá que el propósito trae tareas, pero la tarea no siempre trae propósito. Cuando le encontrás un propósito a lo que hacés, ya no te frustrás si algo sale mal. Tené presente que la tarea no es el fin, sino que vas detrás de un propósito.

Elías era una persona de tanta adrenalina que hizo más de lo que Dios le pidió. Él tenía que ir a decirle al rey que iba a llover, pero no solo hizo eso, sino que además juntó a todos los profetas y los degolló con sus propias manos. Elías necesitaba estar realizando actividades todo el tiempo. No podía detenerse a pensar: "¿Qué estoy haciendo? ¿Cómo está trabajando Dios conmigo, con el pueblo, con el rey?". Él no podía ver más allá de las tareas que Dios le encomendaba. Por esa razón, pese a ser un hombre valiente y obediente, Elías tuvo cansancio por frustración.
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3. Dios te va a enseñar a dejar herencia. 

Elías tenía el síndrome de que él estaba solo para todo y por dicha razón, Dios le tuvo que enseñar a dejar herencia. Había cien profetas que estaban escondidos en una cueva porque Jezabel los iba a matar. Sin embargo, Elías dijo: "Soy el único profeta que queda vivo". ¡Eso no era cierto! Él había decidido no contar con los otros profetas para degollar a sus enemigos.

 Como tenía ese síndrome del único, estaba más que agotado y frustrado porque no podía hacer todo solo. En el Reino nadie vive ni muere para sí. Dios te ha bendecido para que disfrutes de la bendición y para que bendigas a otros. Activá el potencial que tenés, liberalo en tu vida y depositalo en otros. No podés pasar las veinticuatro horas del día pensando solamente en vos.

 Esto último es lo que le sucede a las personas que están bajo presión, a los pueblos oprimidos que solo piensan en sobrevivir pues no pueden soñar. No obstante vos no sos una persona oprimida, sino un ser hecho libre en Cristo. Por lo tanto, podés soñar, pensar en el mañana y dejar herencia para las próximas generaciones. Dios le dijo a Elías: "Vas a ungir a dos reyes y a un profeta que te va a suceder. He preservado también a siete mil israelitas que no se han arrodillado ante Baal". Dios le estaba diciendo a Elías que Él no había puesto Su obra en manos de una sola persona, sino que además contaba con siete mil más.

Elías, no obstante, no reconocía dicha situación y por eso Dios tenía que enseñarle a dejar herencia. ¡Activá tu potencial, liberalo y luego depositalo! Cuando entiendas que lo que hacés no es solo para hoy sino también para las próximas generaciones, no te vas a frustrar porque largo camino te resta.

Buscale propósito a todo lo que hacés. En vez de quejarte, pensá que lo que estás haciendo es porque vas a dejar herencia. No esperes que tu pareja sea la que les deje un legado a tus hijos o a tus nietos. Tenés que pensar en las próximas generaciones e identificar cuál es la herencia que les vas a dejar.

Cuando hacés algo con propósito, todo cobra sentido. Buscale el propósito a aquello que un día compraste y ahora está almacenado en tu casa. Tal vez hayas hecho cursos y guardaste el título en un cajón. Quiero decirte que tenés que sacar eso que aprendiste porque tiene propósito. Hay experiencias que has vivido y que has guardado en secreto, pero ahora Dios te dice: "Contáselas a la próxima generación para que la liberes de pasar por lo mismo que vos". No te olvides que aún en esas situaciones de dolor por las que has pasado hay propósito.

Encontrale el propósito a todo lo que hagas. Cada vez que realices una tarea, preguntate: "¿Tiene que ver con mi propósito o simplemente lo estoy haciendo porque me gusta?, ¿es pura adrenalina o tiene destino?, ¿esta tarea que estoy realizando me está llevando a algún lugar, o al hacerla no consigo nada, me aburro y me frustro?". Es importante que te hagas estos interrogantes, porque el Señor vendrá a preguntarte si estás en el lugar correcto: "¿Qué hacés acá? Yo te quiero en tu puesto". Recordá que tu posición es estar sentado en lugares celestiales con Cristo Jesús.
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jueves, 27 de febrero de 2014

LA PALABRA QUE BENDICE

La Palabra que bendice
Dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la obedecen. - Lucas 11:28 (11:24-28)


Pienso que la mujer que con voz fuerte le dijo a Jesús: “Dichoso el vientre que te dio a luz”, hubiera querido tener un hijo como él. Parece que ella pensaba en el orgullo que sentiría la madre de este hombre que producía conmoción cada vez que hablaba u obraba un milagro. Yo hago lo mismo, pienso en lo orgullosos que estarían mis padres de mis “buenas acciones” o de mis logros. Me gusta también enorgullecerme de los logros de mis hijos. Jesús me reenfoca. ¿Dónde debo poner mi atención? En la Palabra de Dios.
El término ‘dichoso’ utilizado aquí en Lucas, en realidad puede ser mejor traducido como ‘bendito’. No es cuestión de estar ‘feliz’, sino de ser ‘bendecido’… y al ser bendecidos, somos felices. Dios hizo todo lo necesario para bendecirnos ricamente, tanto temporal como eternamente. Al perdonar nuestros pecados nos sacó el enojo que sentíamos por los que nos agreden, nos quitó la amargura de no saber cómo será el final de nuestra historia, nos abrió las puertas de los cielos para llenarnos de paz y alegría.
La Palabra de Dios es la que nos comunica todas estas bendiciones. Ella nos cuenta la mayor historia jamás contada: la de Jesús, quien ocupó nuestro lugar en una cruz para librarnos del castigo divino. Ella nos habla del cielo y de la vida después de la muerte, nuestra mayor esperanza. Ella nos indica en quién creer para recibir todas esas bendiciones. La Palabra de Dios nos llama a ser obedientes para que no nos perdamos ninguna de las grandes cosas que Dios quiere darnos. La Palabra de Dios es la única Palabra confiable que nos lleva por buen camino.
Sigue leyendo la Palabra y viviendo de acuerdo a ella. Tu camino será seguro, porque ella te trae a Cristo.
Gracias, Padre, por tu Palabra eterna. Ella nos bendice. Danos fuerza para obedecerla

lunes, 24 de febrero de 2014

Como hallar a Dios






Me ha pasado en varias oportunidades el releer un pasaje y que adquiera un nuevo significado para mi vida. Probablemente las veces anteriores no estuve muy demasiado atento, quizás porque he ido a la Palabra con liviandad, como quien lee un diario de noticias.
Esa misma actitud liviana se repite en el resto de nuestra vida cristiana, porque estamos ocupados, apurados, atariados, cansados.
Pero cuando los problemas son mayores o la desesperación ya nos ha ganado, vamos en búsqueda de la respuesta de Dios y queremos que nos ayude con nuestras particularidades.
Así me sucedió cuando me asaltó una angustia vieja y un pasaje del libro de Deuteronomio me recordó aquello que sé pero que olvido frente a los problemas del diario vivir.
“Más si desde allí buscares a Jehová tu Dios, lo hallarás, si lo buscares de todo tu corazón y de toda tu alma.” Deuteronomio 4:29
El mensaje principal es claro y contundente: si buscamos al Señor, lo hallaremos. Tan simple y rotundo como eso… y tan difícil que se nos hace! Pero si desmenuzamos este pasaje, podemos encontrar detalles nos muestran la manera de hacerlo.
El pasaje comienza diciendo “Mas si desde allí..”. Examinemos donde estamos parados. Esto se refiere a cualquier posición: quizás nos toca vivir en un lugar lejos de nuestra familia, o estemos atravesando una situación económica difícil. Quizás nuestro esposo/a no comparte la fe, o la enfermedad nos aqueja hoy o desde hace ya mucho tiempo… Cualquier circunstancia, cualquier tormenta o desde la confortable comodidad del ser tibios. Pensemos en nuestra posición y Desde allí, debemos buscar al Señor para que Él se convierta realmente en el Rey sobre toda circunstancia. Para que Él sea plenamente el Rey en nuestra vida.
Si desde allí lo buscamos, lo hallaremos… pero esa búsqueda debe ser con todo nuestro corazón y nuestra alma! Desde las entrañas y con las mismas ganas que empeñamos en aquello que nos gusta, que anhelamos. Si invirtiéramos en nuestra comunión con el Señor el mismo tiempo que invertimos en nuestro celular, internet, televisión, futbol, etc, la relación sería otra. Buscarlo sedientos y hambrientos. Buscarlo primeramente. Buscarlo, buscarlo y buscarlo.
¿Queremos encontrarnos con Dios? Allí, donde estemos parados, debemos empeñar nuestro corazón y nuestra alma en ello. Debemos dejar de pensar en la circunstancia y quizás apagar el celular o la tele y arrodillarnos. Cuando nos acerquemos al Padre, seguramente Él estará con los brazos abiertos y nos dirá “te estaba esperando”.

domingo, 23 de febrero de 2014

Una forma diferente de buscar Confirmacion

Una forma diferente de buscar confirmación

Y él respondió: Yo te ruego que si he hallado gracia delante de ti, me des señal de que tú has hablado conmigo. Te ruego que no te vayas de aquí hasta que vuelva a ti, y saque mi ofrenda y la ponga delante de ti. Y él respondió: Yo esperaré hasta que vuelvas”.
Jueces 6.17-18
Hoy no son necesarias las señales, ya que el Espíritu Santo nos revela todas las cosas. Pero igual gran parte del Pueblo de Dios busca confirmación mediante sucesos.

La confirmación, por lo general, está vinculada a recibir algo y nunca a poder darlo, pero, a pesar de que Gedeón era pobre y el menor, él estaba programado para dar.

En realidad, ante un desafío económico, la mejor confirmación es poder dar de forma generosa y no solamente esperar recibir algo. 
  • Frente a la compra de una propiedad, poder ofrendar de forma generosa.
  • Frente a las vacaciones, poder ayudar a los demás.
  • Frente a un nuevo trabajo, servir a Dios.
  • Frente a la necesidad de recursos mayores, poder dar más.
Cuando tengas que encarar algo, no solo busques confirmación recibiendo, sino también pudiendo dar.

Que lo sorprendente sea que, frente a esa situación, en vez de retener, puedas soltar, recordando siempre que más bienaventurado es dar que recibir.

Buscá experimentar en tu vida no solo milagros que tengan que ver con recibir, sino aquellos que tengan que ver con poder dar.