Génesis 29:31: "Cuando el Señor vio que Lea no era amada, le concedió hijos. Mientras tanto, Raquel permaneció estéril".
¿Te gustaría ser un poco más feliz?
En la antigua Grecia la gente pensaba que la felicidad dependía de la suerte. Al depender de algo externo, la gente no podía decidir si iba o no iba a ser feliz. En la actualidad se suele decir que cuando a alguien le va bien es porque tuvo suerte o porque tuvo un "Dios aparte". En realidad eso es una gran mentira, ya que recientes estudios han demostrado que la felicidad depende de cómo uno maneja la mente y cómo responde a las circunstancias adversas que se presentan en la vida. La felicidad, entonces, no es producto de algo externo ni del azar, sino que depende esencialmente de tu actitud hacia la vida. Esto último significa que podes ser más feliz de lo que eres actualmente.
A continuación voy a compartirte algunas cosas que se descubrieron con respecto a la felicidad.
En primer lugar se considera que a lo largo de la vida la felicidad recorre una curva en forma de U. Cuando comenzamos a trazar esta letra empezamos por arriba, momento que representa la infancia. Allí parece que todo es felicidad, pero a medida que va pasando el tiempo (el trazo es descendente), el nivel de felicidad va decreciendo. Aproximadamente a los cuarenta y cinco años el ser humano experimenta el menor grado de felicidad.
Luego, la curva vuelve a subir. En ese último tramo cuanto mayor sea la edad más feliz será la persona, algo que es sin dudas una muy buena noticia. Se estima que a los cincuenta años alcanzamos el punto máximo de felicidad, porque a esa edad nos adaptamos completamente a nuestras fortalezas y debilidades.
A esa altura ya sabes lo que uno es capaz de lograr y dejas de discutir o pelear por aquello que no te traerá recompensa alguna. Al no tener esa sensación de años anteriores en los que creías que te faltaba lograr algo, aprendes a disfrutar más de la vida y todo se hace más sencillo.
Por otro lado, se descubrió que las personas con mayor educación son más felices, porque al contar con mejores herramientas tienen acceso a mejores trabajos y por ende, a mejores sueldos. Al gozar de un mejor estilo de vida, la felicidad de dichas personas aumenta. Otro punto a tomar en cuenta es que la felicidad no depende solo de lo que haces, sino con quién lo haces. Esto significa que tus compañías son muy importantes a la hora de ser feliz. Quizás hoy no experimentes una felicidad total justamente porque no disfrutas de una buena compañía. Por ejemplo, no es lo mismo ver una puesta del sol con tu suegra que hacerlo con tu pareja. Aunque la escena es la misma, la compañía es diferente por lo que es muy probable que en el segundo caso todo te parezca más lindo y tu felicidad sea mayor.
Otro factor que aumenta el nivel de felicidad son los retos. Una persona que dice: "Quiero lograr ese ascenso", "quiero viajar por el mundo", "quiero estudiar y graduarme" o "quiero comprarme una casa", suele ser más feliz que aquellos que viven una vida monótona sin mayores sobresaltos.
Dichos retos no deben ser ni demasiados fáciles ni muy complejos, ya que en el primer caso no vas a valorar los resultados, y en el segundo, siempre te vas a frustrar. Por esa razón el desafío te tiene que costar un poco al principio, pero luego todo tiene que ser mucho más fluido. Es importante, además, que hagas algo que te gusta, ya que de esta manera sentirás que el tiempo pasa más rápido y no pensarás en cosas negativas.
Cuando tus emociones negativas no afloran, tu nivel de felicidad termina aumentando. En cambio, cuando no tenes proyectos definidos y tu mente comienza a divagar, la falta de un rumbo concreto te genera infelicidad. En ese momento comienzas a plantearte: "¿Para qué estoy en la tierra?", "¿por qué la gente no me saluda?" o "¿cómo voy a hacer para pagar mi deuda?".
En definitiva, la felicidad aparece cuando las emociones negativas se reducen y aumentan las positivas, como el gozo, la esperanza o la sensación de paz. Todos los días experimentamos circunstancias difíciles que nos deprimen, nos agobian o nos quitan las ganas de seguir adelante. Para revertir esta situación y lograr que desciendan las emociones negativas, tenemos que mirar la vida de otra manera. A pesar de los problemas, tenes que reírte un poco más y alimentar no solo tu esperanza, sino también tu alegría.
Como dije anteriormente, la felicidad no es algo que viene de afuera o que depende del otro, sino que es algo que podes generar desde tu interior. Para eso tenes que aprender a buscarla, y una de las maneras de hacerlo es hablándote a ti mismo. Al hacerlo sabrás cómo darte ánimo en esos momentos en los que podes caer en una depresión.
Por ejemplo, en mi caso personal, cuando no me siento del todo bien me pregunto: "¿Por qué esto te tiene que poner así? ¿Por qué lo ves tan mal? ¿Es tan grave esto que estás pasando?". Así aprendí a hablarme y a alentarme con frases como: "Si ya lo superé una vez, ¡lo voy a volver a superar!", "si el otro lo pudo lograr, ¡yo también podré!" o "esto malo pasará y lo bueno vendrá". Al dejar de repetir lo que me decían los demás y empezar a hablarme a mí mismo, comencé a sentirme más feliz y en paz.
En las próximas líneas voy a compartirte dos cosas que descubrieron los científicos acerca de lo que hay que hacer para tener felicidad.
1. Recordá momentos felices.
Tenes que tener presente en tu mente dos o tres momentos felices que hayas vivido en tu vida. No importa si estos tuvieron lugar hace varios años. Puede ser el recuerdo del nacimiento de un hijo, de tu graduación, de tu casamiento o tal vez de tu niñez. Cada vez que estés pasando por una situación difícil, trae a tu memoria dichos recuerdos, aunque no tengan relación alguna con lo que estés pasando. Cuando el pueblo de Israel estaba cruzando el Jordán, Dios les dijo: "Cuando pasen al otro lado levanten un altar para que cuando sus hijos vuelvan a pasar por allí recuerden cómo los ayudé". Tenes esos recuerdos listos para usarlos especialmente en esos momentos en que estás cansado y necesitas fuerzas para seguir adelante. Aunque es probable que lo primero que venga a tu mente sean recuerdos malos, no pierdas de vista el poder que poseen los buenos recuerdos que traen felicidad y alegría. Recordá aquello que Dios ya hizo en tu vida, porque si Él te bendijo, lo volverá a hacer. Tal como dice Su Palabra: "El bien y la misericordia te seguirán todos los días de tu vida".
2. No te compares.
Hay gente que solo es feliz si tiene más de lo que posee el otro. Una encuesta en la que se preguntaba a los encuestados qué sentirían si ellos ganasen cien mil quetzales y su compañero de trabajo doscientos mil, arrojó como resultado que la mayoría prefiere no ganar esa suma de dinero con tal de que el otro no gane el doble. Es lamentable el grado de rivalidad y comparación entre personas que comparten el mismo ámbito de trabajo. Ciertamente, las comparaciones y la envidia solo harán que termines perdiendo el foco. Por el contrario, tenes que enfocarte en cómo has crecido y cómo has logrado los objetivos que te propusiste. Recordá que la comparación siempre tiene que ser con vos mismo para que de este modo analices cómo estabas antes y cómo estás actualmente. Así verás qué aspectos tenes que mejorar para seguir creciendo y lograr sacar tu mayor potencial.
Es importante que cambies la envidia que sentís por los demás para empezar a sentir admiración por aquellos que han logrado los objetivos que se propusieron en sus vidas. Es saludable que desarrolles el hábito de decir: "¡Qué bueno que lo logró!" o "me alegro que a él le vaya bien", porque de esta manera dejarás de ser una persona envidiosa. ¡Es hora de que dejes de compararte con los demás y los empieces a admirar!
La Biblia narra la historia de dos mujeres: Lea y Raquel. Lea quería que Jacob la amase. Como él no la amaba, ella empezó a tener hijos para ver si así podía conquistar su amor. Por su parte, Raquel, quien era amada por Jacob, no podía tener hijos, algo que realmente deseaba. Como podrás ver, estas mujeres estaban obsesionadas por aquello que no tenían. Durante años esta obsesión las llevó a sufrir mucho, hasta que en un momento Lea se dio cuenta de que su virtud era justamente su capacidad de parir hijos. De hecho, su historia no trascendió por el amor que le faltaba, sino por los hijos que tenía. Lea comprendió esto cuando dio a luz a Judá y dijo: "Voy a alabar a Dios por lo que tengo". Así llegó a ser conocida como la madre de Israel. ¡Empezá a disfrutar de lo que tenes y deja de preocuparte por aquello que no tenes! Al igual que ella, recordá que en la vida vas a trascender cuando aprendas a disfrutar de lo que tenes y dejes de enfocarte en eso que te falta. Del linaje de Judá, hijo de Lea, nació Cristo.
Valora lo que hoy tenes porque de eso nacerá lo mejor para tu vida. ¡Sé feliz y disfruta de lo que posees, porque con eso vas a crecer y obtener una bendición mayor!
Cuando a las niños les regalan algo estos suelen mirar lo que le dan a sus amigos o a su hermanos. En mi caso, recuerdo que cuando era pequeño no me fijaba en lo que le obsequiaban a mis hermanos, pues lo único que quería era que me regalaran tizas, un borrador o un pizarrón. Desde chico me gustaba jugar a ser capacitador y enseñarle a los demás, por lo que contar con cualquiera de esos elementos era lo mejor que me podía pasar. Eso que tenía y valoraba fue lo que luego desarrollé en mi vida y me hizo muy feliz. Quiero decirte que cuando empieces a valorar lo que tenes comenzarás a ser feliz. ¡Eso que posees se va a multiplicar y te traerá la bendición que tanto estás esperando!
Por eso, es importante que te quites esa
música de lamento y empieces a hablar con alegría. Cuando Dios viene a tu vida
es para traerte felicidad, así que dale gloria al Señor, porque con Él soy más
feliz.





