Génesis 28:16-17: "Al despertar Jacob de su sueño, pensó:
«En realidad, el Señor está en este lugar, y yo no me había dado cuenta». Y con
mucho temor, añadió: «¡Qué asombroso es este lugar! Es nada menos que la casa
de Dios; ¡es la puerta del cielo!»".
Las relaciones interpersonales suelen estar llenas de conflictos que en
ocasiones pueden llegar a transformarse en verdaderas batallas.
Generalmente, esto es producto de la tensión entre dos personas que tienen
opiniones o puntos de vista muy diferentes acerca de algo. Tal vez en algún
momento te hayan dicho:
"¡Qué mal que invertiste tu
dinero!" o "¡qué mal que estás criando a tus hijos!", y eso te
haya enfurecido, pues a nadie le agrada que le reprochen la manera en que se
conduce en ciertos aspectos de su vida.
Cuando surgen problemas dentro de una relación interpersonal la gente suele
resolverlos de tres maneras básicas.
En primer lugar, hay personas que
evitan aquello que les desagrada y se encierran en sí mismas. No expresan lo
que sienten y aunque por dentro desean expresarle al otro un montón de cosas,
callan por temor a que suceda algo peor.
En el otro extremo, hay personas que
ante el más mínimo conflicto reaccionan agresivamente y expresan sin tapujos lo
que sienten.
Otro tipo de personas, en cambio, reaccionan en forma impredecible. Por
momentos explotan y por momentos se refugian en sí mismas. Mientras que un día
pueden pasar por alto algún conflicto, al otro día pueden estallar con toda su
furia por ese mismo inconveniente. Al ser tan impredecibles, el otro nunca sabe
cómo estas personas van a reaccionar.
Cuando entablamos una relación de pareja, de amistad o una sociedad comercial,
siempre queremos que esta unión funcione sí o sí. Este es el motivo por el
cual, cuando surge un conflicto, tendemos a negarlo o a minimizarlo. Por
ejemplo, conocés a una persona que tiene problemas de alcoholismo y decís:
"Es un bebedor social. Toma cada tanto". Así, muchas mujeres inician
una relación de pareja y a los pocos meses descubren que sus hombres eran
violentos o que les habían mentido. Como dije antes, por querer que la relación
funcione a toda costa muchas veces tendemos a soportar cosas que luego traen
aparejadas graves consecuencias.
Ese anhelo de que funcione ese vínculo que uno entabla lleva a que muchas
personas utilicen el engaño. En otras palabras, crean una realidad alternativa
en la que no se muestran como son, sino que venden una imagen falsa. Por
ejemplo, dicen: "Tuve tanto éxito en este negocio que ahora voy a abrir
una cadena", pero en realidad les ha ido mal económicamente y están
asfixiados por las deudas.
De esa misma manera, muchos hombres se valen de las redes sociales para
seducir a una mujer poniéndose una fachada con la que aparentan ser algo que no
son. Otras personas, por su parte, aparentan querer tener una relación de
amistad cuando en el fondo lo que buscan es amor.
Esto es algo que se ve claramente
cuando, por ejemplo, una amiga cela constantemente a su amigo y este no termina
de entender bien por qué.
El hecho de poner expectativas muy altas en una relación interpersonal suele
desatar grandes conflictos. Por ejemplo, pensás: "Esta pareja me tiene que
dar todo", "esta amistad tiene que ser indestructible" o
"esta sociedad debe llevarnos a hacer el negocio perfecto". Cuando
esas expectativas altas no se cumplen es muy probable que te sientas frustrado
o estafado:
"Yo pensé que esa pareja me iba a hacer la persona mas feliz" o
"creí que con esta sociedad me iba a hacer millonario".
Tal vez hayas creído que dándole todo tu amor a una persona él iba a cambiar,
pero luego terminó yéndose con otra persona. Aunque te sientas estafado, lo
cierto es que esa persona nunca te prometió que se quedaría con vos.
Por eso, es importante que no comiences una relación con expectativas
demasiado altas. Recordá que un vínculo interpersonal no es una negociación en
la que das algo al otro a cambio de que este te brinde lo querés.
Cuando estés pasando por un momento crítico en una relación interpersonal
hay tres preguntas que tenés que hacerte:
1. ¿Estoy negando algo de esta relación?
Preguntate: "¿Estoy negando que mis hijos no quieren salir a
trabajar?", "¿estoy negando la adicción de mi pareja?" o
"¿estoy negando que mi empleada llega tarde siempre porque en realidad no
quiere trabajar?". Tené en cuenta que aquello que estás negando y que te
estás guardando podría estallar en un momento inoportuno si no lo tratás a su
debido tiempo.
2. ¿Son coherentes mis expectativas con respecto a esta relación?
Si al establecer una relación de pareja pretendés que el otro esté las
veinticuatro horas del día a tu lado, tu expectativa no sería coherente pues
estarías anulando prácticamente la vida del otro. Distinto sería el caso de que
él trabajase, hiciera las actividades que le agraden y luego estuviera cierta
cantidad de horas con vos. Es importante que corrobores que tus expectativas
sean coherentes, ya que de lo contrario eso te traerá grandes problemas.
3. ¿Estoy quitándome poder para otorgárselo al otro?
Una mujer me escribió: "Me casé muy jovencita con un hombre que después de
años me dejó y no quiere saber nada más conmigo. Yo vivía gracias a lo que él
me daba, pues no solo me mantenía a mí, sino también a mi familia. Ahora que él
se fue tengo miedo, porque no sé qué hacer con mi vida ni tengo un lugar donde
ir. Nunca estudie nada ni aprendí cómo manejar una casa o administrar mis
finanzas". Al haberle otorgado todo el poder a su ex pareja, esta mujer no
sabía cómo enfrentar la vida sola. Le respondí que para salir de esa situación
tenía que volver a adquirir una visión y apoderarse de ella, ya que si no lo
hacía, volvería a cometer el mismo error con el próximo hombre que conociera.
¿Qué tiene que tener una relación interpersonal para que sea sana? A
continuación voy a compartirte algunos puntos importantes para que tengas en
cuenta.
1. Integridad.
La integridad es un ingrediente sumamente necesario para que una relación
interpersonal funcione. Por ejemplo, no podés pretender tener éxito en una
sociedad con alguien que obtuvo el capital robando. Tampoco podés esperar que
una relación de pareja llegue a buen puerto si esta se ha basado en la mentira.
La Palabra dice: "Oirá el sabio y aumentará el saber", lo que
significa que cuando entablás un vínculo con alguien es para que aumentes el
saber que ya poseés y no para que el otro te resuelva todo o te diga lo que
tenés que hacer.
Es importante que sepas que todas tus relaciones interpersonales te tienen que
servir para aumentar y no para disminuir lo que eres. Lamentablemente, mucha gente
necesita tanto un amigo, una pareja o alguien en quien confiar que terminan
entregando todo su poder en esa relación.
Así le expresan a la otra persona:
"Sin vos no soy nada" o "cuando hablo con vos siento que vuelvo
a vivir". Cada vez que entres en una relación pensando: "Me caso para
que el otro me resuelva el problema que tengo con el alquiler" o "me
pongo en pareja porque nadie se fija en mí y necesito sentirme amado", vas
a estar en desventaja, porque ponés expectativas altas en alguien que no va a
poder resolverte todo lo que querés. Por eso, es importante que no dejes las
decisiones en manos de otra persona y que sepas que ya tenés sabiduría y que si
te unís a alguien es solo para hacerla crecer.
Una mujer me contó que su pareja le dijo: "Yo te hice mujer", algo
totalmente ilógico, porque con esa frase le insinuó que él la tuvo que moldear
para ser lo que ella es. Recordá que no necesitás que nadie te moldee, ¡Dios te
hizo complet@!
2. No debe haber ataduras con el otro.
La mejor manera de no tener ataduras con la gente es cancelar todos los tipos
de deudas que existan. Tal como dice La Biblia, cuando contraés una deuda con
alguien sos esclavo del acreedor. Por esa razón, tenés que cancelar las deudas
emocionales, afectivas o materiales que tengas con el otro, pues Dios te ha
hecho para que seas libre. Si tenés una deuda económica, empezá a pagarla; si
alguna vez heriste a alguien con una palabra, pedile perdón y soltala de tu
vida. No tengas ataduras con nadie porque eso solo te traerá conflictos.
3. Intimidad con Dios.
Una persona íntegra tiene intimidad con Dios y sabe que Él está siempre
presente. Aunque esto parezca fácil, en tiempos de crisis solemos enfocarnos
tanto en los problemas que nos olvidamos de la presencia del Señor. En el
pasaje citado al comienzo, Jacob no se había dado cuenta que Dios estaba allí
porque había estado mirando en la dirección equivocada.
Al estar tan enfocado en el conflicto
que tenía con su hermano, se olvidó de que el Señor estaba en ese lugar. Al
dejar de poner sus ojos en su supuesto enemigo, Jacob descubrió que podía ver
la presencia de Dios. Preguntate: ¿Cuál es ese problema que te obsesiona y en
el que estás enfocada todo el día? Tené en cuenta que no podés brindarle a ese
conflicto la misma importancia que a la presencia del Señor.
Para que Jacob se diera cuenta de que Él estaba allí, Dios tuvo que dormirlo y
darle un sueño. En la antigüedad los pueblos paganos tenían dioses que solo
brindaban protección a los seres humanos en ciertos lugares. Por esa razón,
para recibir dicha protección las personas se tenían que trasladar a lugares
específicos. Sin embargo, Dios le dijo a Jacob: "Yo te voy a cuidar en
cualquier lugar. Estés donde estés voy a estar presente". Dios es un Dios
que está siempre presente aun en esa circunstancia difícil en la que sentís que
Él no está. El Señor te dice: "Pese a los conflictos que tengas y al lugar
donde te encuentres, yo estoy con vos".
Es hora de que aprendas a romper con la habituación espiritual, es decir, con
aquello a lo que te has acostumbrado. Muchas veces nos habituamos a decir:
"Dios está conmigo", pero no lo vemos ni lo experimentamos. Esto nos
lleva a que intentemos resolver los problemas con nuestras propias fuerzas, lo
que nos trae aparejado angustia y dolor. Tal vez quieras vivir una vida
sobrenatural en la que reconocés a Jesús como tu Salvador, pero al estar tan
enfocado en esa enfermedad o en ese problema económico, terminás viviendo una
vida natural en la que te acostumbrás a no recurrir al Señor.
Quizás digas: "Ya no oro más,
porque, en definitiva, cuando tuve este tipo de problemas siempre me manejé
bien así", y no te des cuenta de que Dios estuvo presente en tu vida. En
el pasaje citado, Jacob dejó de tomar el asunto que tenía con su hermano en sus
propias manos, pues se dio cuenta de que Dios estaba allí.
La Biblia narra la historia de Ana, una mujer que tenía grandes conflictos
interpersonales, especialmente con quienes la querían. Por un lado, su esposo
le decía: "No te preocupes si no podés tener un hijo, porque yo te amo
igual. Para mí seguís siendo una mujer especial". Sin embargo, ella no
podía hacerle entender que en realidad su anhelo era tener un hijo.
Por otro lado, Ana tenía problemas
con Penina, una mujer que la odiaba y que se burlaba de su esterilidad. Además,
ella tenía problemas con Elí, un sacerdote que no la conocía. ¿Alguna vez
tuviste problemas con alguien que ni siquiera te conoce? Lo cierto es que Ana
tenía problemas con quienes la amaban, con quienes la odiaban y con quienes no
la conocían.
Esta mujer no lograba hacerse entender hasta que aplicó un principio
espiritual y dijo: "Hay asuntos que solamente son entre Dios y yo".
Quiero decirte que ese asunto que tenés pendiente hace años o ese problema que
aún no podés resolver y que te trae angustia solamente lo tenés que llevar
delante de Dios, pues es un asunto privado entre Él y vos. No permitas que
nadie se interponga en medio.
Ana no sabía cómo tratar a su esposo, a la gente que la criticaba y a la que no
la conocía. Pero esta mujer tenía en claro que si trataba de resolverlo a su
modo, solo iba a agravar la situación, por lo que dijo: "Hay asuntos que
tengo que tratar en privado solo con Dios".
Cuanto más sean las situaciones que
le entregues al Señor y más profunda sea tu relación con Él, menos serán los
problemas que tengas en tus relaciones interpersonales. En otras palabras,
cuanto más profunda se hace tu visión de la presencia de Dios en tu vida, menos
problemas tendrás con los demás. Ciertamente, hay situaciones que no se pueden
resolver de otra manera que no sea con Él.
No busques que el otro piense, actué o se maneje de la misma manera en que te
manejás vos. Una persona me contó que estaba preocupado por la relación de
pareja que había entablado su hija, ya que presumía que las cosas no iban a
terminar bien. Tras preguntarme qué debía hacer, le respondí: "Eso es algo
entre Dios y vos. Hay cosas que solamente tienen solución en el mundo
espiritual". No te habitúes a hacer algo por tu cuenta, porque cuando Dios
está presente siempre hay respuestas. Dejá que Él obre y haga el proceso que
tenga que hacer. Recordá también que cuánto más intimidad tengas con Dios, mas
empatía tendrás con los demás, pues dejarás de exigirles que hagan o piensen lo
mismo que vos.
Ya no te pelees por esa situación que te preocupa. ¡Dejá que Dios obre en tu
vida y verás milagros del cielo.
! Decí: "Quiero sentir la intimidad con el Rey. Deseo estar en Su monte
santo, en el cuarto donde me encuentro a solas con Él. Sé que solo Dios puede
ayudarme a resolver este conflicto y bendecirme". Vayas a donde vayas y
cualquiera sea la situación que enfrentes, la presencia de Dios estará con vos.
"Las mujeres que mejor se desempeñan en la compañía son las más
alegres", me aseguraron altos ejecutivos de una empresa con los que
mantuve una reunión. Además de la integridad, otro ingrediente esencial para
que una relación interpersonal sea sana es la confianza.
Cuando una persona está alegre es
porque tiene y transmite confianza. En relación a este tema, es fundamental que
le pidas a Dios el don de la convocatoria que aparece cuando transmitís con tu
alegría confianza a los demás. Desarrollá un espíritu alegre para alentar a los
demás y deciles:
"Si Dios está presente, todo va
a estar bien", "quedate tranquilo, porque Dios va a obrar y hará algo
grande" o "eso ya está resuelto, porque se lo entregaste a
Dios". Cuando Dios está presente, los problemas no pueden crecer. Por eso,
depositá tu confianza en el Señor y soltá tu vida en Su presencia, porque Él se
encargará de ese asunto que te preocupa.
El sermón del monte comienza con la palabra "bienaventurados", que
quiere decir "felices". ¡El Señor te quiere ver feliz! Tal vez te
agobie un problema con tus hijos o te angustie un conflicto con tu pareja, con
tu amiga, con tu jefe o tu suegra. Quizás quieras estar en paz con todo el
mundo, pero para lograrlo, primero necesitás descubrir la presencia de Dios.
Necesitás ser "bienaventurado",
porque cuando estás feliz transmitís la confianza de que todo va a estar bien.
A lo largo de toda Su Palabra el Señor nos dejó el siguiente mensaje:
"Confiá en que yo soy quien te digo que soy y que te voy a dar lo que te
prometí". Dios quiere que seas feliz, y para demostrarte que está presente
te envolverá con lazos de amor. Tené en cuenta que solo podés ser feliz cuando
sos íntegro y confiás en que si Dios está en el asunto, Él lo va a resolver.
Tocá tu cuerpo y decí: "Esta es la casa de Dios. Sé que Él está presente
en mi vida y aunque no sepa de qué manera resolverá esta dificultad, sé que Su
mano está a mi favor". El Señor está presente para que disfrutes y seas
feliz a pesar de los conflictos que enfrentes. Confiá en que Dios está en
control de todo y recordá que hay asuntos que solo se resolverán entre Él y
vos.
El Señor superará ese problema, esa enfermedad y ese dolor, porque Él es más
grande que ellos. Su presencia irá con vos y te traerá descanso.
Jacob estaba en Betel, el lugar donde había experimentado por primera vez la
presencia de Dios. A veces hay que volver a ese primer lugar en que tu espíritu
se abrió a la presencia del Señor. En ocasiones es preciso regresar a Betel
para recordar esa experiencia que a lo largo del camino vamos olvidando.
El estar habituado espiritualmente a repetir de memoria una oración o a leer
sistemáticamente un pasaje hace que a veces perdamos de vista que Dios está
presente.
Dejá esa vida natural en la que querés arreglar todo solo. Por el contrario,
decile al Señor: "Dios, hacé un milagro, mostrame algo distinto.
Yo no sé que podés hacer en esta relación, pero sé que si vos estás
presente, las cosas pueden ser diferentes. No me voy a habituar ni voy a tomar
en mis manos esta situación. Este asunto es entre vos y yo". Dejá que Él
lo arregle porque del mismo modo que Ana dio a luz a su hijo Samuel, algo nuevo
tiene que nacer en tu vida.
Tal
vez hoy sea el día en el que tengas que soltar a alguien que has estado
reteniendo por mucho tiempo. Quizás sea el momento en que debas determinarte a
resolver esa cuestión que durante años te ha traído angustia y desesperanza. Es
probable que hayas estado enfocándote en la dirección equivocada y no hayas
visto la presencia de Dios. Es hora de que te vuelvas a Su presencia y
recuerdes que un día le dijiste que fuera el dueño de tu vida. Tené presente
que Dios tiene el control de todas las situaciones y que te dará la respuesta
para que sepas que Él está con vos.