viernes, 12 de septiembre de 2014

Tengo graves problemas para relacionarme con la gente


Génesis 28:16-17: "Al despertar Jacob de su sueño, pensó: «En realidad, el Señor está en este lugar, y yo no me había dado cuenta». Y con mucho temor, añadió: «¡Qué asombroso es este lugar! Es nada menos que la casa de Dios; ¡es la puerta del cielo!»".



Las relaciones interpersonales suelen estar llenas de conflictos que en ocasiones pueden llegar a transformarse en verdaderas batallas.
Generalmente, esto es producto de la tensión entre dos personas que tienen opiniones o puntos de vista muy diferentes acerca de algo. Tal vez en algún momento te hayan dicho:
 "¡Qué mal que invertiste tu dinero!" o "¡qué mal que estás criando a tus hijos!", y eso te haya enfurecido, pues a nadie le agrada que le reprochen la manera en que se conduce en ciertos aspectos de su vida.

Cuando surgen problemas dentro de una relación interpersonal la gente suele resolverlos de tres maneras básicas.
 En primer lugar, hay personas que evitan aquello que les desagrada y se encierran en sí mismas. No expresan lo que sienten y aunque por dentro desean expresarle al otro un montón de cosas, callan por temor a que suceda algo peor.
 En el otro extremo, hay personas que ante el más mínimo conflicto reaccionan agresivamente y expresan sin tapujos lo que sienten.
Otro tipo de personas, en cambio, reaccionan en forma impredecible. Por momentos explotan y por momentos se refugian en sí mismas. Mientras que un día pueden pasar por alto algún conflicto, al otro día pueden estallar con toda su furia por ese mismo inconveniente. Al ser tan impredecibles, el otro nunca sabe cómo estas personas van a reaccionar.

Cuando entablamos una relación de pareja, de amistad o una sociedad comercial, siempre queremos que esta unión funcione sí o sí. Este es el motivo por el cual, cuando surge un conflicto, tendemos a negarlo o a minimizarlo. Por ejemplo, conocés a una persona que tiene problemas de alcoholismo y decís: "Es un bebedor social. Toma cada tanto". Así, muchas mujeres inician una relación de pareja y a los pocos meses descubren que sus hombres eran violentos o que les habían mentido. Como dije antes, por querer que la relación funcione a toda costa muchas veces tendemos a soportar cosas que luego traen aparejadas graves consecuencias.

Ese anhelo de que funcione ese vínculo que uno entabla lleva a que muchas personas utilicen el engaño. En otras palabras, crean una realidad alternativa en la que no se muestran como son, sino que venden una imagen falsa. Por ejemplo, dicen: "Tuve tanto éxito en este negocio que ahora voy a abrir una cadena", pero en realidad les ha ido mal económicamente y están asfixiados por las deudas.
De esa misma manera, muchos hombres se valen de las redes sociales para seducir a una mujer poniéndose una fachada con la que aparentan ser algo que no son. Otras personas, por su parte, aparentan querer tener una relación de amistad cuando en el fondo lo que buscan es amor.
 Esto es algo que se ve claramente cuando, por ejemplo, una amiga cela constantemente a su amigo y este no termina de entender bien por qué.

El hecho de poner expectativas muy altas en una relación interpersonal suele desatar grandes conflictos. Por ejemplo, pensás: "Esta pareja me tiene que dar todo", "esta amistad tiene que ser indestructible" o "esta sociedad debe llevarnos a hacer el negocio perfecto". Cuando esas expectativas altas no se cumplen es muy probable que te sientas frustrado o estafado:
"Yo pensé que esa pareja me iba a hacer la persona mas feliz" o "creí que con esta sociedad me iba a hacer millonario".
                            
Tal vez hayas creído que dándole todo tu amor a una persona él iba a cambiar, pero luego terminó yéndose con otra persona. Aunque te sientas estafado, lo cierto es que esa persona nunca te prometió que se quedaría con vos.
Por eso, es importante que no comiences una relación con expectativas demasiado altas. Recordá que un vínculo interpersonal no es una negociación en la que das algo al otro a cambio de que este te brinde lo querés.
Cuando estés pasando por un momento crítico en una relación interpersonal hay tres preguntas que tenés que hacerte:

1. ¿Estoy negando algo de esta relación?
Preguntate: "¿Estoy negando que mis hijos no quieren salir a trabajar?", "¿estoy negando la adicción de mi pareja?" o "¿estoy negando que mi empleada llega tarde siempre porque en realidad no quiere trabajar?". Tené en cuenta que aquello que estás negando y que te estás guardando podría estallar en un momento inoportuno si no lo tratás a su debido tiempo.

2. ¿Son coherentes mis expectativas con respecto a esta relación?
Si al establecer una relación de pareja pretendés que el otro esté las veinticuatro horas del día a tu lado, tu expectativa no sería coherente pues estarías anulando prácticamente la vida del otro. Distinto sería el caso de que él trabajase, hiciera las actividades que le agraden y luego estuviera cierta cantidad de horas con vos. Es importante que corrobores que tus expectativas sean coherentes, ya que de lo contrario eso te traerá grandes problemas.

3. ¿Estoy quitándome poder para otorgárselo al otro?
Una mujer me escribió: "Me casé muy jovencita con un hombre que después de años me dejó y no quiere saber nada más conmigo. Yo vivía gracias a lo que él me daba, pues no solo me mantenía a mí, sino también a mi familia. Ahora que él se fue tengo miedo, porque no sé qué hacer con mi vida ni tengo un lugar donde ir. Nunca estudie nada ni aprendí cómo manejar una casa o administrar mis finanzas". Al haberle otorgado todo el poder a su ex pareja, esta mujer no sabía cómo enfrentar la vida sola. Le respondí que para salir de esa situación tenía que volver a adquirir una visión y apoderarse de ella, ya que si no lo hacía, volvería a cometer el mismo error con el próximo hombre que conociera.
¿Qué tiene que tener una relación interpersonal para que sea sana? A continuación voy a compartirte algunos puntos importantes para que tengas en cuenta.

1. Integridad.
La integridad es un ingrediente sumamente necesario para que una relación interpersonal funcione. Por ejemplo, no podés pretender tener éxito en una sociedad con alguien que obtuvo el capital robando. Tampoco podés esperar que una relación de pareja llegue a buen puerto si esta se ha basado en la mentira.
La Palabra dice: "Oirá el sabio y aumentará el saber", lo que significa que cuando entablás un vínculo con alguien es para que aumentes el saber que ya poseés y no para que el otro te resuelva todo o te diga lo que tenés que hacer.

Es importante que sepas que todas tus relaciones interpersonales te tienen que servir para aumentar y no para disminuir lo que eres. Lamentablemente, mucha gente necesita tanto un amigo, una pareja o alguien en quien confiar que terminan entregando todo su poder en esa relación.
 Así le expresan a la otra persona: "Sin vos no soy nada" o "cuando hablo con vos siento que vuelvo a vivir". Cada vez que entres en una relación pensando: "Me caso para que el otro me resuelva el problema que tengo con el alquiler" o "me pongo en pareja porque nadie se fija en mí y necesito sentirme amado", vas a estar en desventaja, porque ponés expectativas altas en alguien que no va a poder resolverte todo lo que querés. Por eso, es importante que no dejes las decisiones en manos de otra persona y que sepas que ya tenés sabiduría y que si te unís a alguien es solo para hacerla crecer.

Una mujer me contó que su pareja le dijo: "Yo te hice mujer", algo totalmente ilógico, porque con esa frase le insinuó que él la tuvo que moldear para ser lo que ella es. Recordá que no necesitás que nadie te moldee, ¡Dios te hizo complet@!

2. No debe haber ataduras con el otro.
La mejor manera de no tener ataduras con la gente es cancelar todos los tipos de deudas que existan. Tal como dice La Biblia, cuando contraés una deuda con alguien sos esclavo del acreedor. Por esa razón, tenés que cancelar las deudas emocionales, afectivas o materiales que tengas con el otro, pues Dios te ha hecho para que seas libre. Si tenés una deuda económica, empezá a pagarla; si alguna vez heriste a alguien con una palabra, pedile perdón y soltala de tu vida. No tengas ataduras con nadie porque eso solo te traerá conflictos.

3. Intimidad con Dios.
Una persona íntegra tiene intimidad con Dios y sabe que Él está siempre presente. Aunque esto parezca fácil, en tiempos de crisis solemos enfocarnos tanto en los problemas que nos olvidamos de la presencia del Señor. En el pasaje citado al comienzo, Jacob no se había dado cuenta que Dios estaba allí porque había estado mirando en la dirección equivocada.
 Al estar tan enfocado en el conflicto que tenía con su hermano, se olvidó de que el Señor estaba en ese lugar. Al dejar de poner sus ojos en su supuesto enemigo, Jacob descubrió que podía ver la presencia de Dios. Preguntate: ¿Cuál es ese problema que te obsesiona y en el que estás enfocada todo el día? Tené en cuenta que no podés brindarle a ese conflicto la misma importancia que a la presencia del Señor.

Para que Jacob se diera cuenta de que Él estaba allí, Dios tuvo que dormirlo y darle un sueño. En la antigüedad los pueblos paganos tenían dioses que solo brindaban protección a los seres humanos en ciertos lugares. Por esa razón, para recibir dicha protección las personas se tenían que trasladar a lugares específicos. Sin embargo, Dios le dijo a Jacob: "Yo te voy a cuidar en cualquier lugar. Estés donde estés voy a estar presente". Dios es un Dios que está siempre presente aun en esa circunstancia difícil en la que sentís que Él no está. El Señor te dice: "Pese a los conflictos que tengas y al lugar donde te encuentres, yo estoy con vos".

Es hora de que aprendas a romper con la habituación espiritual, es decir, con aquello a lo que te has acostumbrado. Muchas veces nos habituamos a decir: "Dios está conmigo", pero no lo vemos ni lo experimentamos. Esto nos lleva a que intentemos resolver los problemas con nuestras propias fuerzas, lo que nos trae aparejado angustia y dolor. Tal vez quieras vivir una vida sobrenatural en la que reconocés a Jesús como tu Salvador, pero al estar tan enfocado en esa enfermedad o en ese problema económico, terminás viviendo una vida natural en la que te acostumbrás a no recurrir al Señor.
 Quizás digas: "Ya no oro más, porque, en definitiva, cuando tuve este tipo de problemas siempre me manejé bien así", y no te des cuenta de que Dios estuvo presente en tu vida. En el pasaje citado, Jacob dejó de tomar el asunto que tenía con su hermano en sus propias manos, pues se dio cuenta de que Dios estaba allí.
La Biblia narra la historia de Ana, una mujer que tenía grandes conflictos interpersonales, especialmente con quienes la querían. Por un lado, su esposo le decía: "No te preocupes si no podés tener un hijo, porque yo te amo igual. Para mí seguís siendo una mujer especial". Sin embargo, ella no podía hacerle entender que en realidad su anhelo era tener un hijo.
 Por otro lado, Ana tenía problemas con Penina, una mujer que la odiaba y que se burlaba de su esterilidad. Además, ella tenía problemas con Elí, un sacerdote que no la conocía. ¿Alguna vez tuviste problemas con alguien que ni siquiera te conoce? Lo cierto es que Ana tenía problemas con quienes la amaban, con quienes la odiaban y con quienes no la conocían.
Esta mujer no lograba hacerse entender hasta que aplicó un principio espiritual y dijo: "Hay asuntos que solamente son entre Dios y yo". Quiero decirte que ese asunto que tenés pendiente hace años o ese problema que aún no podés resolver y que te trae angustia solamente lo tenés que llevar delante de Dios, pues es un asunto privado entre Él y vos. No permitas que nadie se interponga en medio.

Ana no sabía cómo tratar a su esposo, a la gente que la criticaba y a la que no la conocía. Pero esta mujer tenía en claro que si trataba de resolverlo a su modo, solo iba a agravar la situación, por lo que dijo: "Hay asuntos que tengo que tratar en privado solo con Dios".
 Cuanto más sean las situaciones que le entregues al Señor y más profunda sea tu relación con Él, menos serán los problemas que tengas en tus relaciones interpersonales. En otras palabras, cuanto más profunda se hace tu visión de la presencia de Dios en tu vida, menos problemas tendrás con los demás. Ciertamente, hay situaciones que no se pueden resolver de otra manera que no sea con Él.

No busques que el otro piense, actué o se maneje de la misma manera en que te manejás vos. Una persona me contó que estaba preocupado por la relación de pareja que había entablado su hija, ya que presumía que las cosas no iban a terminar bien. Tras preguntarme qué debía hacer, le respondí: "Eso es algo entre Dios y vos. Hay cosas que solamente tienen solución en el mundo espiritual". No te habitúes a hacer algo por tu cuenta, porque cuando Dios está presente siempre hay respuestas. Dejá que Él obre y haga el proceso que tenga que hacer. Recordá también que cuánto más intimidad tengas con Dios, mas empatía tendrás con los demás, pues dejarás de exigirles que hagan o piensen lo mismo que vos.
Ya no te pelees por esa situación que te preocupa. ¡Dejá que Dios obre en tu vida y verás milagros del cielo.
! Decí: "Quiero sentir la intimidad con el Rey. Deseo estar en Su monte santo, en el cuarto donde me encuentro a solas con Él. Sé que solo Dios puede ayudarme a resolver este conflicto y bendecirme". Vayas a donde vayas y cualquiera sea la situación que enfrentes, la presencia de Dios estará con vos.

"Las mujeres que mejor se desempeñan en la compañía son las más alegres", me aseguraron altos ejecutivos de una empresa con los que mantuve una reunión. Además de la integridad, otro ingrediente esencial para que una relación interpersonal sea sana es la confianza.
 Cuando una persona está alegre es porque tiene y transmite confianza. En relación a este tema, es fundamental que le pidas a Dios el don de la convocatoria que aparece cuando transmitís con tu alegría confianza a los demás. Desarrollá un espíritu alegre para alentar a los demás y deciles:
 "Si Dios está presente, todo va a estar bien", "quedate tranquilo, porque Dios va a obrar y hará algo grande" o "eso ya está resuelto, porque se lo entregaste a Dios". Cuando Dios está presente, los problemas no pueden crecer. Por eso, depositá tu confianza en el Señor y soltá tu vida en Su presencia, porque Él se encargará de ese asunto que te preocupa.

El sermón del monte comienza con la palabra "bienaventurados", que quiere decir "felices". ¡El Señor te quiere ver feliz! Tal vez te agobie un problema con tus hijos o te angustie un conflicto con tu pareja, con tu amiga, con tu jefe o tu suegra. Quizás quieras estar en paz con todo el mundo, pero para lograrlo, primero necesitás descubrir la presencia de Dios.
 Necesitás ser "bienaventurado", porque cuando estás feliz transmitís la confianza de que todo va a estar bien.
A lo largo de toda Su Palabra el Señor nos dejó el siguiente mensaje: "Confiá en que yo soy quien te digo que soy y que te voy a dar lo que te prometí". Dios quiere que seas feliz, y para demostrarte que está presente te envolverá con lazos de amor. Tené en cuenta que solo podés ser feliz cuando sos íntegro y confiás en que si Dios está en el asunto, Él lo va a resolver.

Tocá tu cuerpo y decí: "Esta es la casa de Dios. Sé que Él está presente en mi vida y aunque no sepa de qué manera resolverá esta dificultad, sé que Su mano está a mi favor". El Señor está presente para que disfrutes y seas feliz a pesar de los conflictos que enfrentes. Confiá en que Dios está en control de todo y recordá que hay asuntos que solo se resolverán entre Él y vos.
El Señor superará ese problema, esa enfermedad y ese dolor, porque Él es más grande que ellos. Su presencia irá con vos y te traerá descanso.
Jacob estaba en Betel, el lugar donde había experimentado por primera vez la presencia de Dios. A veces hay que volver a ese primer lugar en que tu espíritu se abrió a la presencia del Señor. En ocasiones es preciso regresar a Betel para recordar esa experiencia que a lo largo del camino vamos olvidando.
El estar habituado espiritualmente a repetir de memoria una oración o a leer sistemáticamente un pasaje hace que a veces perdamos de vista que Dios está presente.
Dejá esa vida natural en la que querés arreglar todo solo. Por el contrario, decile al Señor: "Dios, hacé un milagro, mostrame algo distinto.
Yo no sé que podés hacer en esta relación, pero sé que si vos estás presente, las cosas pueden ser diferentes. No me voy a habituar ni voy a tomar en mis manos esta situación. Este asunto es entre vos y yo". Dejá que Él lo arregle porque del mismo modo que Ana dio a luz a su hijo Samuel, algo nuevo tiene que nacer en tu vida.

Tal vez hoy sea el día en el que tengas que soltar a alguien que has estado reteniendo por mucho tiempo. Quizás sea el momento en que debas determinarte a resolver esa cuestión que durante años te ha traído angustia y desesperanza. Es probable que hayas estado enfocándote en la dirección equivocada y no hayas visto la presencia de Dios. Es hora de que te vuelvas a Su presencia y recuerdes que un día le dijiste que fuera el dueño de tu vida. Tené presente que Dios tiene el control de todas las situaciones y que te dará la respuesta para que sepas que Él está con vos. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario